anthony bourdain

en italiano honorario

Al chef Anthony Bourdain le aburre la rutina, le parecen un chiste las zonas de confort y le apasiona lo distinto, lo fogoso, lo inesperado… quizá por eso se casó con una mujer italiana. Uno de los mejores episodios de No Reservations fue justo la visita de la pareja a Cerdeña, el hogar de Ottavia –habiendo dicho esto, el episodio dedicado a República Dominicana fue quizá uno de los peores no solo de la última temporada, sino del set completo; Bourdain nos debe una nueva visita, quizá con Parts Unknown, donde le ponga más empeño a la pre-producción–.

Cerdeña es como Italia-pero-no, una región autónoma, una isla más cercana a Córcega que a la península, y esta proximidad se nota en la actitud de sus habitantes.  La baja densidad poblacional y la industrialización retrasada provoca una explosión de recursos naturales disponibles, y las fortalezas de la isla son la agricultura, la vinicultura y la producción de queso de cabra. Bourdain, con ojos brillosos de la felicidad, va adentrándose en el estilo de vida sardo de la mano de la familia de su esposa –“parece otro mundo”, dice el conductor en la introducción al episodio–.

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El mayor insight viene a los seis minutos: “En Cerdeña, el comer en restaurantes es visto como una flaqueza de carácter; la buena comida es un derecho al nacer”. Los sardos son cocineros caseros por antonomasia, y esto se nota en el smorgasbord de banquetes que disfruta Bourdain a lo largo del episodio, siempre acompañado de al menos dos personas y con conversaciones salpicadas de carcajadas.

Los sardos tienen una de las concentraciones de hombres y mujeres centenarios más grandes del mundo. ¿Será porque se toman tan en serio el momento de sentarse a la mesa? En lo que se averigua el caso, el episodio de No Reservations: Sardinia está da non perdere.

Fotos: Fuente externa