christian cabral

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Con esa cara, y asumiendo que no tiene un retrato escondido en el ático, es obvio que Christian Cabral no pasa de 35 años. Sin embargo, a su corta edad ya acumula una carrera internacional transatlántica en el área de finanzas, y hoy ocupa el puesto de vicepresidente del rubro en uno de los grupos industriales más respetados de Dominicana. ¿Cómo lo ha logrado? Con los sospechosos usuales: dedicación y estrategia, entrenamiento académico y práctica, y un uso apretado y sesudo de su tiempo.

Por eso da gusto verlo descomprimirse en su cocina: ese chop-chop sobre la tabla y el tac-tac de la cuchara en la olla representan para él momentos de relajación, donde cierra la pestaña de los números en el Chrome de su cabeza y se entrega al placer milenario de convertir alimentos sencillos en magia. Hoy, en este Cinque, Christian transformó para nosotros un chillo agridulce con camarones salteados en ajo y tomates cherry sobre una cama de Bavette Barilla, en un delicioso canal para nuestras cinco preguntas acostumbradas.


 

CINQUE: CHRISTIAN CABRAL

¿Es cierto eso de que lo idóneo es tener unas cuatro o cinco recetas de cabecera y olvidarse del mundo?
Bueno, yo tengo varias recetas de cabecera, porque fue un concepto que adquirí al aprender a cocinar: son platos que me siento cómodo haciendo y suelo hacerlos –aunque en ocasiones les voy agregando diferentes ingredientes y van saliendo nuevas recetas–. A veces tengo el chillo o el dorado, y si no hay chili dulce lo sazono con ron o miel. No tomé clases de cocina –quizá una o dos–, y uno de los mejores consejos de los cuales me llevo es este: inventa, porque si te sale mal, en 30 minutos tienes una pizza en tu casa.

Uno de los mejores consejos de los cuales me llevo es este: inventa [cocinando], porque si te sale mal, en 30 minutos tienes una pizza en tu casa.

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¿Y cuándo te dio por empezar a inventar en la cocina?
Comencé a cocinar hace unos 10 años, cuando vivía solo en la universidad, y al estar en Notre Dame, Indiana, no tenía mucha opción: era eso o llevar una alimentación poco saludable. Empecé tomando recetas de mi mamá y fue una pasión que fue creciendo. Aparte, el cocinar me ha dado una excusa para invitar a mis amigos a casa, como el grupo que está hoy de público para el Cinque.

Cocinar es un gusto, me apasiona. Aun siendo tan apegado a los números en cuanto a mi trabajo… en realidad, sea cual sea el tema, tiendo a los números (risas). Ahora, la cocina es el único lugar en donde no me ato a ellos: muy rara vez sigo una receta, pues solo leo los ingredientes y me olvido de las medidas, dejándome guiar por el paladar. Creo que por eso no puedo hacer repostería. ¡Para eso compro un brownie!

Por temas de trabajo, estuviste viviendo en Alemania. ¿Qué te llevaste de allá en cuanto a memoria gustativa?
Tenía sede entre Londres y Dusseldorf, y mi cliente era japonés. Dusseldorf es considerado el Pequeño Tokio de Alemania, y gracias a todo esto pude conocer plenamente la cultura japonesa, en lo laboral, lo personal y lo culinario. Esa experiencia me abrió a una nueva gama de cultura nipona, y a mí y a mi esposa se nos ha hecho interesante el seguir conociéndola: aquí replicamos platos con udon, con ramen… ¡hasta soba! ¡Todavía recuerdo el choque que fue comer fideos fríos después del plato fuerte!

Ahora, si uno vivió en Alemania, conocer el currywurst es obligatorio… y el currywurst es lo máximo. Incluso, aquí en Vienna Caribe, en el Malecón, encontré una versión, aunque no sea lo mismo. Y… confieso que tengo un pote de curry en la nevera.

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¿Qué otra cosa te enseñó el vivir en el extranjero?
Cómo tomar café. Yo entré al mundo del café por varios amigos, en Nueva York, hacia 2007. Antes pensaba que los dominicanos bebíamos mucho café, pero ahora creo que el café no se aprecia, que es una sobremesa. Incluso creo que no utilizamos bien la greca, pues tendemos a quemar el café. Por esa experiencia comencé a quitarle azúcar al café y apreciarlo por lo que es. ¿Saben dónde he probado buen café? En Ciao, de Piantini, y en el Típico Bonao. Y claro, si quiero consistencia… ¡recurro a la maquinita Nespresso!

Antes pensaba que los dominicanos bebíamos mucho café, pero ahora creo que el café no se aprecia, que es una sobremesa.

Trabajas en una empresa preocupada por la sostenibilidad. ¿Qué efecto tiene eso en tu día a día?
Yo veo la cosas más allá del factor medioambiental: veo la sostenibilidad como un tema humano. Veo un deterioro abismal en las playas de este país; la basura urbana cada año es peor. Como grupo, desde el año pasado se tomó una iniciativa, a través de Coalición Río, de rescatar el Río Ozama. Una de las únicas formas de que esta ciudad pueda sobrevivir es si tiene una fuente de agua sostenible; por eso me da gusto poder formar parte de este proyecto.

Ya del otro lado de la moneda, hay un movimiento de comida orgánica y sostenible a nivel mundial. Este es el único momento en la historia de la humanidad donde nuestra comida viene de una línea de producción industrial, por lo tanto; si un pollo pasa su vida entera bajo estrés, eso es lo que uno al final come, y es imposible que eso sea sostenible.

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