crystal jiménez vicens

en in giro

Puede que, sobre las tablas del teatro de Blue Mall, Crystal Jiménez Vicens encarne con dedicación a una francesa, la Vivienne Ingénue de Hotel Burlesque… pero su corazón en realidad le pertenece a Italia, fruto de una tardinoche romana. “Mi tía dice que Roma es un museo bajo las estrellas, y tiene razón”, nos cuenta.

La actriz y bloggera recuerda cómo, en un trayecto quema-suelas que comenzó a las cuatro de la tarde en la Piazza del Popolo y terminó a las dos de la mañana a unas cuadras de su hotel, quedó embriagada por la magia –y el amor– de la capital italiana. Si después de leer este In Giro comienzan a revisar los itinerarios de Air Europa, las escalas de Iberia en el Lacio y las ofertas de AlItalia, no nos culpen.


IN GIRO: CRYSTAL JIMÉNEZ VICENS

Mi hermana Michèle y yo tenemos una foto en donde, con ocho y seis años, respectivamente, estamos subidas a los leones de la fuente de la Piazza del Popolo. Ya sabrán mi emoción al volver a ver esos leones, años después: al comenzar nuestro recorrido allá, vi por casualidad los leones y le pedí a Michèle replicar la misma foto que nos hicimos de pequeñas. ¡Imagínense estas manganzonas subiéndose a esas estatuas en falda! Ahí, tras esa experiencia que unió mi niñez con mi adultez, debí intuir que no iba a ser una tarde normal en Roma.

CrystalJV-2

CrystalJV-3

En ese viaje a principios de los 90 andábamos con mi madre y mis tías, pero en esta ocasión nos acompañaba nuestra prima Adriana. Las tres entonces subimos a los Jardines de Il Pincio, arropadas por la luz del atardecer. A cada persona que va a Roma le digo que no deje de subir, porque la vista desde allá arriba es espectacular y las fotos quedan, por ende, geniales.

Bajamos de Il Pincio ya con el atardecer y el hambre encima. Nos habían dicho que el Hotel de Russie, en la Via del Babuino, tenía un barcito buenísimo para los traguitos vespertinos. Cuando fuimos, ¡el sitio estaba HAPPENING! Imagínense esta escena: el lugar lleno de gente fabulosamente vestida, música, un ambiente espectacular. Conseguimos una mesita y nos tomamos cada una un aperitivo, para calentar los motores de la cena.

CrystalJV-5

CrystalJV-4

Ah, la cena, la cena… El conserje del Hotel de Russie nos recomendó un sitio súper típico, pero bien rico: una pequeña ostería llamada Da Pietro. ¿Y dónde quedaba? Bueno, donde queda todo en Italia: “Fino alla fine della strada, a destra”. ¿Hay algo en ese país que no quede “al fondo a la derecha”? (Risas)

Da Pietro estaba en la Via di Gesù e Maria, un callejoncito que da a la Via del Babuino; eran literalmente cuatro o cinco mesitas en la calle. El mozo, llamado Giovanni, nos saludó como si tuviera la vida entera conociéndonos y sentimos que nos habíamos enamorado los cuatro en unos segundos. Nos sentamos, y nos comenzaron a traer entradas sin nosotros pedirlas: el jamón en un plato redondo de postre, trozos de parmesano en un platito, una mozzarella de morirse, una garrafa de vino de la casa. Todo era simple y básico, ¡pero demasiado bueno! Siguiendo esta onda de lo simple, pedí de plato fuerte una de mis pastas romanas favoritas, la cacio e pepe.

Para el postre nos trajeron una tabla de madera con biscotti y chocolates, con una guillotina para cortarlos al tamaño deseado; luego nos trajeron una torta de pignoli, para que nos sirviéramos a gusto –al final, en la factura, no importaba si habíamos tomado uno o tres pedazos, ellos solo lo contabilizaban como una porción, como “torta”–.

Cuando pensaba que el día no se podía poner mejor, tomamos un taxi camino al hotel, y embriagadas de la vida romana compartimos con nuestro conductor los detalles de la jornada. Él nos decía en italiano: “Claro que están felices, porque Roma es amor”. Asentimos, pero él, al sonido de un “ma no, veramente!”, nos dio un regalo adicional: estacionó el carro, y en una servilleta escribió Roma al revés, cuatro letras que, en efecto, formaban la palabra AMOR.

Sí, definitivamente: Roma es magia, Roma es un museo bajo las estrellas, pero sobre todo, Roma es amor.

CrystalJV-7