eduardo de castro

en mi italiano favorito

La cultura italiana está tan dispersa por el mundo que seguramente todos tenemos, aun sin saberlo, un italiano favorito. En el caso de Eduardo De Castro, un joven arquitecto, es lógico que su italiana favorita sea una maravilla del diseño, una avispita salida de la fabrica de Piaggio: una Vespa GTS250ie.

Hoy nos cuenta cómo el deseo de libertad y de sentir el viento en la cara puede más que los estrellones estrepitosos y los tapones de las calles de Santo Domingo.


¿Por qué adquiriste una Vespa, conociendo las calles dominicanas?
La Vespa se compró inicialmente con el propósito de tenerla en nuestra villa en Casa De Campo. Rara vez se usaba, y en una ocasión que se trajo a Santo Domingo para darle mantenimiento, más nunca se volvió a llevar. Estando en la ciudad la usamos casi todos los fines de semana. 

 

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¿Por qué te decidiste por una GTS250ie?
Me encantó la línea de diseño que tiene, porque me parece una reinterpretación actualizada muy acertada del modelo clásico de la Vespa. Es muy potente y ágil, tomando en cuenta lo pesada que es. Es muy pesada… sumamente pesada, y bastante fácil de caerse de ella. ¡Ha pasado!

 

¿Cómo ha sido tu experiencia montando tu Vespa acá en SDQ?
Es una aventura salir a pasear en la Vespa; uno nunca sabe lo que le espera. Nos ha pasado de todo: desde aguaceros sorpresa en plena Ave. Winston Churchill, hasta estrellones por aceite derramado en el pavimento. La ultima aventura fue un domingo en la noche, por quedarnos sin batería en S.U.D., por lo que tuvimos que dejar la Vespa estacionada allí varios días en lo que se resolvía. Siempre suelen ser situaciones de las que uno se ríe. Es una experiencia muy interesante salir a recorrer la ciudad en ella, viéndolo todo desde un punto de vista diferente al que estamos acostumbrados a verla. Poder apreciar el entorno desde esta perspectiva es muy especial.

 

¿Cuando vas en ella, te sientes como en una burbuja italiana, aun en RD?
Sí,  pero depende de las condiciones, porque las calles de Santo Domingo requieren de mucha imaginación para uno lograr extraerse de la realidad tan característica que nos rodea. Salir en la Vespa un lunes o un martes a navegar tapones, con humo, calor, imprudencias y el circo urbano en que vivimos no se lo recomendaría a nadie. ¿Pero un domingo de paseo por la Zona Colonial? Eso es mágico.

 

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