il signor max

en cinema presto

Aunque es un momento que muchos quisieran olvidar, cuando Roberto Benigni ganó el Oscar a mejor actor por su papel en La vida es bella, quien le entregó la estatuilla fue su coterránea Sophia Loren. Instantes después en la sala de prensa, ante las preguntas de los periodistas sobre la experiencia de recibir tal distinción de manos de un ícono como la Loren, Benigni solo atinó a decir que el mapa de Italia debía sustituirse por una imagen de la actriz.

Ese es el poder y la influencia formadora del cine. Italia ES Sophia Loren. Roma es Audrey Hepburn y Gregory Peck paseando en una Vespa, pero también un lugar destrozado por la guerra por el que deambula Anna Magnani. Nápoles son Ingrid Bergman y George Sanders tratando de recuperar su matrimonio en la ruinas de Pompeya. Ver Muerte en Venecia de Luchino Visconti es lo más cercano a estar en la playa del Lido. La bota completa y todas las experiencias y sensaciones que tiene que ofrecer caben en un solo fotograma, y es la película recomendada de hoy.

Por: Guido Castillo


Il Signor Max [Mario Camerini, 1937]

El primer movimiento estilístico claramente identificable del cine italiano fueron las peyorativamente denominadas “películas de teléfono blanco”. Su fin era encandilar a las masas con una visión de lujo y sofisticación escapista y aspiracional, copiada en gran parte de las comedias screwball producidas por MGM en Estados Unidos. El elemento común en todos los hogares adinerados de sus protagonistas era un objeto que representaba la máxima ostentación de la época: ¿Qué más? Un teléfono blanco, un capricho carísimo que pocos podían pagar.

Il Signor Max es quizás la versión mejor destilada del modelo del cine de teléfono blanco. Trasciende ser una comedia desechable primordialmente por la arrolladora presencia de Vittorio de Sica. De Sica, quien como director sería una de las puntas de lanza del movimiento neorrealista que se formó concluida la guerra, representaba en aquella época al Cary Grant italiano. Los hombres querían ser él, las mujeres querían estar con él. Un charlatán adorable que pasa de pobre a millonario por accidente, con la consabida lección moral al final impuesta por los sensores. Es una reliquia de su época que hay que ver para entender ciertos arquetipos narrativos que se mantienen en el cine italiano al día de hoy.

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