laurel

en menú secreto

Estamos de lujo y sabemos que despertaremos la envidia de más de uno. Ya todo el mundo habla y conoce Laurel, se ha convertido en uno de los restaurantes de referencia de la ciudad, pero en nuestra visita se sienta con nosotros el mejor guía su chef Valentino Markov.

La persona que está al mando de esa cocina, que lleva la batuta de la dirección que debe tomar ese menú y esos platos. Los sazones, las cantidades de cada ingrediente, la presentación, el equilibrio de sabores, hasta la cantidad de calorías controla Markov desde este templo del buen comer.


El primer de los platos que tenemos delante posee una onda japonesa. Tiradito al coco es su nombre en al primer instante descubrimos que la sencillez de su presentación esconde una profundidad de sabores. El pescado llamado Guatapaná es el protagonista, junto a él salsa de pimienta y cilantro, las lascas de aguacate, ajonjolí, el coco rallado y el tobicó (huevas de pescado).

El chef Valentino nos va dando los detalles del plato y se percibe de inmediato que ha puesto toda su alma en la creación no sólo de este manjar sino de todo el menú. “Esta es una de las entradas que tenemos en la carta, y además de refrescante, es bien light”.

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Según sus palabras, lo que caracteriza al menú de Laurel es la palabra fusión. Bajo su responsabilidad, él se encargó de buscar opciones muy distintas para que el resultado final fuera de una oferta bien variada.

“Platos internacionales preparados para todo tipo de gente. Eso quiere decir que hemos pensado mucho en que cada persona tiene unos gustos y un paladar concreto y que hay que tener opciones para todos. Nos ha ocurrido que se ha juntado una mesa de 10 personas y es sorprendente que han pedido carne, otros han pedido sushi, alguna ensalada e incluso par de opciones chinas”.

Esa es la idea de una apuesta segura. Nadie va a encontrar que no tiene opción y todo ellos siempre con una combinación de sabores y muy bien elaborado. El éxito está asegurado.

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Llega el momento de la pasta. Generalmente, se trata de algo más tradicional. Los spaghetti que tenemos delante llegan con el aroma a ali oli, con gambas y alcachofas. El chef dice una frase muy significativa al respecto, “la mente no descansa, es una mezcla increíble”. Los sabores son los que hablan por sí solos. Esta es la parte de que seguro les damos bastante envidia a muchos de nuestros lectores.

Además de la importancia a los Light, que se ve desde las entradas hasta la preparación del sushi sin arroz con pescado envuelto, los productos que llegan a Laurel son totalmente frescos.

Miramos la carta para hacernos una idea más generalizada de cuáles son los pilares concretos de la misma. La sopa de pera del bosque con panceta y blue cheese se queda anotada para la siguiente visita. La manera en que la definen muchos que ya han tenido la suerte de cae en esa tentación se resume a una palabra: espectacular.

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Aunque también nos dicen las malas lenguas, esas que se convierten en la voz de la conciencia, esas que no entienden que no sigamos probando más y más platos que para referirse al teriyaki tenderloin solamente pueden decir “un escándalo”.

Nos despedimos comprobando que es cierto que la aceptación del público es muy grande y que la hora de almuerzo se llena de mucha gente de oficina y sabiendo que la siguiente visita será de noche, pues el ambiente cambia completamente. El espacio espectacularmente decorado y concebido por el arquitecto Ramón Emilio Jiménez permite esa versatilidad y cuando las luces de la ciudad comienzan a prenderse y cae la noche, las luces de Laurel nos llevan a otro lugar distinto.