michele lucchetta

en cinque

Lo que más valora el chef Michele Lucchetta es la sencillez. Llegamos a Il Bacareto y de verdad que lo que uno piensa es que se ha trasladado a una pequeña taberna italiana en la que los adornos del espacio son los justos, medio sobrios, pero que se intuye desde la entrada que los sabores van a ser los reyes del lugar.


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Y así de cierto es. Nos espera una polenta con salchicha y gorgonzola, un plato que es representativo 100% de Italia, especialmente de la región del Veneto, la tierra del chef. Un plato bien sencillo que en la carta del restaurante es una de las entradas.

“La polenta es algo muy tradicional, le he querido poner la salchicha y, sobre todo, la gorgonzola como un toque nuevo y darle un pequeño giro al plato. Solamente hay que ponerle aceite de oliva y una ramita de romero”, nos comenta.

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A Lucchetta le gusta mucho llevar a las mesas de los clientes todo el sabor tradicional italiano y no lo hace solamente con sus platos, sino con su trato cordial y directo con la gente. Se acerca a las mesas como si se tratara de una taberna de su país, incluso como si fuera una casa particular.

Siempre le ha gustado ese tipo de cocina que está desarrollando en Il Bacareto y a pesar de los pocos meses que tiene abierto, dice que la gente está respondiendo muy bien ya que cuando se le pone pasión a lo que se hace, eso se transmite. No en vano en los años anteriores en los que fue empleado en distintos restaurantes de República Dominicana, siempre estaba en su mente el anhelo de poner su propio negocio.

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Se le percibe contento y satisfecho, más cuando nos explica que algo que caracteriza al lugar es que los clientes son repetitivos. Una gran pizarra recibe a estos comensales que además de el carácter de cercanía se ha pensado por un motivo particular, como es el hecho de que el menú es rotativo. Michele está muy pendiente de lo que se encuentra en el mercado, de contar siempre con productos frescos, siempre evitando tener productos almacenados.

“Si hay chillo, se pone un plato de chillo, pero es posible que si no hay, lo que aparece es mero. El menú es pequeño y con las opciones que tenemos se puede jugar. El cliente muchas veces pide lo que le apetece y pide platos que ni están escritos en la pizarra”, dice Michele.

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A él particularmente le encanta el risotto, que en el norte de Italia se come más que la propia pasta. Se nos hace la boca agua leyendo los nombres de esa pizarra, sabiendo que el paté lo hace él mismo y que la mozarella al horno despierta pasiones entre los asiduos.

Nos fijamos en nombres llamativos como Bigoli Ossobuco, con una pasta larga más ancha que los espaguetis tradicionales, que la hace él mismo, o en los Canederli, un plato muy de montaña que no es más que gnocchi de pan. Y como por arte de magia, lo que leemos es una realidad en nuestra mesa. Michele nos ha dejado solos en una de las pocas mesas y ha puesto sus manos en los fogones. La felicidad es completa.

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