nassim & milo

en cinque

Sin lugar a dudas, el ingrediente estrella ha sido el pequeño Milo. El ayudante de chef idóneo, el cómplice para las cámaras y el que ha despertado continuamente la expresión “es para comérselo”.

Su papá, Nassim Dina, nos hace una primera advertencia antes de comenzar con las manos en la masa, “soy un cocinero lento, pero muy bueno” y nosotros que somos afortunados y hemos probado el resultado final creemos que lo de la rapidez es algo que no nos ha significado nada.

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Desde muy pequeño vivió en París y después sus pasos le llevaron a Nueva York donde siempre extrañó tener una cocina más grande “Me encanta cocinar”, afirma mientras ya está comenzando todo el proceso de preparado de los ingredientes que conformarán el plato de hoy, “aunque en la actualidad lo que no tengo es mucho tiempo”.

Cuando le gusta mucho una receta la repite y asegura que siempre le queda bien, afirmación que su esposa Mónika da por válida. Los fetuccini Alfredo de esta noche con limón y pimienta y los escalopines de pavo a la milanesa no le dejan mentir.

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Aunque destaca entre las distintas gastronomías del mundo, la francesa, recuerda con cariño aquellos años vividos en París en los que recibían de una manera constante la visita de su tía que llegaba a la casa y cocinaba arroz con habichuelas. Y como el paladar siempre está dispuesto a conocer más y más, nos cuenta Nassim que el año pasado, durante su luna de miel en Italia, país al que regresarán este año, ha ido descubriendo los sabores italianos.

También es más o menos reciente su acercamiento a los postres, desde hace un año y medio, más o menos, ha empezado a disfrutar de ellos, cosa que no hacía con anterioridad.

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Actualmente, Nassim se desenvuelve en un área profesional del Import Export con el mercado asiático por lo que le toca viajar a China unas 3 o 4 veces al año. Le apasiona su trabajo a pesar de que con la llegada de Milo sus viajes son distintos y le extraña demasiado. “En los primeros viajes a China yo regresaba mucho más flaco, ahora es al revés, vuelvo más gordo. Ahora ya sé lo que tengo que pedir allá para comer”.

Y no solamente le ha ocurrido en China, de donde nos cuenta una anécdota de unas lenguas de pato que las sirven como picaderas, sino que en otros lugares del mundo ha comido cosas extrañas que seguro ni sabe lo que era. Lo que jamás comería es reptiles, ancas de rana, scargots o o lengua de vaca.

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