sarah castaños

en cinque

Estamos en la cocina de la casa de Sarah Castaños, en su casa familiar y la excusa es hacer un postre. Damos el dato de que se trata de su casa familiar, porque perfectamente pudiéramos estar en su segunda casa, ese lugar que todos ustedes conocen y que habrá hecho que más de uno suspire cuando le hablen de él o, yendo más allá, haya dejado atrás todo sentimiento de culpa y se haya lanzado a disfrutar de los placeres que en él se disfrutan.

Sarah puso en marcha Creme Brulee en noviembre del 2013, ya como negocio formal, aunque todo esto viene de antes. Son años y años, inmersa en el mundo de los dulces, tal y como nos comentar mientras va desplegando sus artes en esa cocina en la que ha crecido y en la que descubrió esa pasión por los dulces. “Desde pequeña me gustaba mucho hacer galletitas, suspiros, brownies y todo eso fue algo natural, que surgió inventando en la cocina”.


El postre elegido para hoy es, como no podía ser de otra manera, un creme brulee. Todo transcurre en un ambiente relajado, Sarah con confiesa que es un postre muy sencillo de hacer y que es libre de gluten.

Su mamá aparece por la cocina, comenta y aporta datos sobre aquella niña que mirando tv ya inventaba recetas, sin pensar nunca en que eso iba a ser el futuro profesional. Es más, la propia Sarah dice que nunca pensó en estudiar nada relacionado con la cocina y que fue incluso la carrera de Mercadeo y una maestría en Negocios lo que eligió.

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“Siendo bien niña, de hasta 5 años, mi cocina era como un laboratorio en el que inventaba. Lo que veía en televisión, no me planteaba que había que hacerlo con una receta, era improvisando”. Se ríe cuando le preguntamos por algún fracaso en aquellos inventos. “Claro que hubo algunas galletitas que se quemaron y recuerdo que la primera vez que hice suspiros, en lugar de la clara, les puse el huevo entero. Quedaron preciosos, completamente amarillos”.

Fue el papá quien llegó un momento en que animó a que esa pasión se convirtiera en profesión y a que se creara el actual negocio. Sarah no lo dudó y se volcó en sus estudios, trasladándose a Nueva York y adquiriendo una formación con una base bien francesa en lo que repostería se refiere.

Sus viajes, estar al corriente de lo que ocurre en el mundo a través de blogueros que sigue de distintas partes del planeta, le ayudan a mantenerse en constante innovación que va reflejando en las propuestas de Creme Brulee. Igual lo hacía antes, en los años previos al negocio en los que se dedicó al catering. De repente puede aparecer un alfajor que se hace protagonista, así como cualquier otra propuesta.

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Sin embargo, echa de menos que el paladar del dominicano sea más atrevido, le gustaría que en los postres hubiera más variedad y echa de menos que las frutas tengan un papel más protagonista, como ocurre en Francia.

Nadie duda, y ella nos lo confirma, que los macarons ya son un signature de la casa. Una receta bien tradicional, completamente francesa y unos dulces hechos desde cero, en los que se ha invertido mucha práctica. Pero otro aspecto que se ha hecho ya imprescindible en Creme Brulee es el brunch que en la semana atrae a mucho público de oficina y en reuniones, mientras que el fin de semana se llena de todo tipo de gente. De igual manera, el espacio, tanto por la decoración o por las propuestas que se pueden encontrar en él, se ha convertido en un lugar en el que se suceden eventos como baby showers o despedidas.

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A Sarah lo que apasiona son los dulces, no le hables de cosas saladas y, como dice ella, de un pollo crudo o de carne. La repostería es su mundo y gracias a eso es que todos podemos ser afortunados y disfrutar de ello. Sus ideas no paran y antes de despedirnos, ya tenemos el dato de que el menú de Creme Brulee es algo muy cambiante, siempre está pendiente del público, de sus gustos, de las tendencias, de la temperatura del mes en el que estemos, etc. “Evalúo mucho los platos, los analizo, invento, sustituyo. Siempre hay algo nuevo”.

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